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:::LA VIDA CAMPESINA, SOPORTE CULTURAL DE NUESTRA IDENTIDAD:::



No dudo que para poder introducirme en la temática de la vida campesina de Salamanca y sus orígenes voy a tener múltiples dificultades, más aún, creo que este tópico puede llevar a confundirse con el origen de la tenencia de la tierra en esta nuestra comuna. “Cuando se afirma que Chile fue descubierto por los españoles en el siglo dieciséis, se está diciendo que quienes lo habitaban al momento de llegar los Europeos no habían alcanzado la plena condición humana por no haber sido todavía civilizados por los cristianos “La tesis de fondo es que todo el progreso de los pueblos es obra de quienes lo han dominado y que la vida de los trabajadores avasallados ha sido parte oscura de ese pasado” (1) Con este resumen pequeño pero decidor, podemos imaginarnos, de que modo se pensaba respecto de los logros de un pueblo y de un país, cosa que ha hecho que se olviden de todos los importantes aportes de las culturas aborígenes precolombinas. Los ancestros precolombinos que habitaban nuestro territorio antes de la llegada los Españoles eran un pueblo extraordinario confiaban en la naturaleza y no intuían de ningún modo el infierno que se les aproximaba. Su extinción. Don Pedro de Valdivia, mediante una reforma agraria unilateral distribuye tierras a sus hombres, sin mediar legislación ni estudios técnicos de ninguna forma. El motivo de entregar las tierras en “Merced” y “Encomiendas” se basa principalmente para cumplir “pagos” “por servicios “prestados” y así los encomenderos continuaran la infatigable busca del oro en minas y lavaderos en el Valle del Choapa, en el valle de Chalinga y en el Valle de Camisa, múltiples faenas mineras ocupaban sin cesar innumerable mano de obra indígena para la extracción de los metales, en minas, piques y chiflones etc. Fue el inicio de la explotación del hombre por el hombre, el nacimiento de las clases sociales diferenciadas por el poder del dinero. En este contexto tenemos que indicar entonces que los territorios que comprenden la comuna de Salamanca quedaron en lo que fue la “Encomienda de Choapa”,que “abarcaba tierras que con posterioridad se dividieron en 14 latifundios, extendidos a lo ancho y largo de la cuenca del río Choapa , desde la confluencia con el río Illapel , hasta la cordillera , incluyendo el valle de Illapel hasta tocar con el Estero de Auco , comprendiendo los terrenos en los que se emplaza la ciudad de Illapel y la hacienda Cavilolén por la costa , además de otra serie de propiedades en el Valle del Choapa”. Esta inmensa propiedad en su inicio perteneció a Don Juan de Ahumada compañero del gobernador Garcia Hurtado de Mendoza. No me voy a adentrar, naturalmente, en la parte administrativa de lo que era la “Merced” y “Encomienda” pues es material para otro estudio de abusos, crímenes e injusticias de parte de los españoles a nuestros antepasados, solo me voy a referir en el contexto de lo que planteo, la vida campesina. La función de la “Merced” era tener una extensión de tierra que debía ser productiva a bajo costo para tributar al Rey de España. “La encomienda era el derecho concendido a algunos españoles para que pudieran recibir y cobrar para así los impuestos de los aborígenes que se encomendaran a cambio que cuidasen de ellos en lo espiritual y material, y a contribuir a la defensa de los territorios conquistados”. El juicio histórico fue severo en contra de las encomiendas, pues se transformaron en verdaderos sistemas de Esclavitud. “La zona del Choapa fue una de los primeros en ser puestos a trabajar, centrándose su producción en formas de explotación de lavaderos auríferos. Pero esta actividad requería de la concentración de mucha mano de obra en las proximidades de los lavaderos”, y “además un abastecimiento permanente de recursos agrícolas para la mantención de los trabajadores y de medios de transportes, mulas y asnos para la distribución de los productos agrícolas y mineros”. Si duda que las tierras que comprenden la comuna de Salamanca, estuvieran destinadas a la actividad agrícola y ganadera para surtir de provisiones al sector minero, principalmente de Illapel que tenia grandes requerimientos dados sus inmensas faenas mineras. Después de esta breve visión de lo que fue el inicio del trabajo de la tierra en nuestro territorio, evidentemente podemos hacernos la idea de cómo comenzó la dolorosa vida campesina en el valle del Choapa y la comuna de Salamanca. Fue naciendo desde el indio, desde nuestro ancestro, desde nuestro pariente indígena el campesino que hoy conocemos, que llega al hospital de madrugada para ser atendidos y vilipendiado por un funcionario que desconoce su propio origen ú otro servicio público. En todos estos años que se explotó al indígena en las encomiendas, se fueron extinguiendo los primeros auténticos habitantes de la zona, para dar nacimiento al mestizo, otro autentico que daría origen a otro tipo de hombre. En Chile el sistema de encomiendas terminó por orden del gobernador Don Ambrosio O’Higgins en 1791. ¿Qué ocurrió con la tierra? La tierra pasa a manos de instituciones del estado, como la casa de Huérfanos o expósitos y se divide en fundos. Ahora se nombraron administradoras en diferentes fundos de la beneficiencia, otras fueron vendidas, es así el caso de Chillepin, y que por ser un predio particular, su gente hoy gente buena y trabajadora tiene un carácter distinto y especial.

Todos estos inmensos medios que eran las unidades territoriales de Salamanca, infraqueables para un extraño o para un peón, se dedicaron fundamentalmente a la Agricultura y la Ganadería. Toda esta inmensa producción tenía el destino de nPotosí. Era tanta la riqueza de estos campos, que aún hoy, es posible encontrar en la falda de los cerros de Chillepin, San Agustín, acequias de regadío que bajaban el agua desde la mismísima cordillera; se imaginan el esfuerzo de esos peones que laboraban con esos patrones. Al inquilino se le pagaba, sin embargo el salario era miserable, y de seguro sólo podían contar con el pedazo de tierra que se le asignaba para su familia y así dedicarle algo de tiempo después de la larga jornada. Se acostaban a dormir a las 7 de la tarde para levantarse a la una de la madrugada para regar su pequeño predio hasta las cinco ó seis de la mañana para luego ir a la jornada con el patrón .De seguro muchos de ustedes no se han olvidado de esos trabajos y ajetreos, o de sus padres o de sus abuelos. Que orgullosos debemos sentirnos de ellos. Mi imaginación a veces me transforma la vida en instantes de dolor al ver a mis parientes inquilinos y peones. Sin pensarlo, para ellos, estén donde estén, mi más grande admiración. Claudio Gay, es uno de los primeros historiadores que trata el tema del inquilino, dice “Hoy día están obligados a ayudar en el rodeo, a separar y marcar a los animales de la hacienda, a llevarlos a la engorda para la matanza, a limpiar las acequias, trillar el trigo, acompañar a caballo al dueño y efectuar las condiciones que este le encarga y otros pequeños trabajos que generalmente le son pagados... para sembrar el inquilino su pequeño lote tiene que alquilar junta de Bueyes y arado (El inquilino no posee bienes y el patrón no presta herramientas) y adquirir la semilla, cayendo en manos de prestamistas usureros que le compran luego a precios ínfimos la cosecha”. En este párrafo hay una particularidad propia de una comunidad campesina como la nuestra, el usurero, practica arraigada y lacerante de nuestra sociedad que está velada por las apariencias y la necesidad. “Lo más probable que el inquilinaje nace de los indios privados de sus tierras y así surge un sistema de sociedades no escritas, de arriendos pagados con animales etc. La creación del inquilinaje es un tema histórico bastante nebuloso y el material recogido por los estudios es demasiado débil” (4) En este espacio, en pocas líneas quiero referirme más exactamente al predio que el patrón le entregaba al inquilino para él y su familia. Cuando uno va al valle de Camisa y se queda uno ó dos días con algún viejo, conversando, tomando unos vasos de vino al atardecer se contempla el horizonte, que es una inmensa sucesión de cerros y montañas. Allá arriba amarillea un claro desmontado y despedrado -esa era la lluvia de mi papacito-. El viejo me cuenta que era una lluvia; era el lote que el administrador o patrón asignó al inquilino. Allá a setecientos metros de altura, en un llano entre cerros y quebradas, sin agua, de rulo, más sólo la lluvia. Allí entre esos cerros quedaron las penas de estos hombres admirables. Entonces, para ilustrarnos debemos indicar que el lote para el inquilino no era sin duda, el mejor, era un retazo de mala calidad y de mala condición. El sacrificio ha sido grande y Dios sabe que no ha sido en vano. Ya tenemos una perspectiva de un trozo de historia que nos muestra un poco de identidad, el dolor acallado, particularidad encontrada hoy aún en nuestro pueblo campesino, sin mucha participación y un temor enorme a algunas personas que ostentan cargos de autoridad, de características patronales, de añejas experiencias. En Sta. Rosa es posible verlo, en Chuchiñi, etc. Nuestros campesinos fueron paridos con dolor por la historia, por eso al conversar con ellos te transmiten experiencias que los llenan de orgullo y sabiduría. Una tarde de invierno, en Camisa, en el patio de una casa de peladeros en un silencio que encierran los cerros con sus cumbres nevadas, un sabroso vino tinto, y sólo el sonido de la voz de Don Fortunato Chaparro que me cuenta su historia de peón a sus noventa y dos años. DON FORTUNATO : ¿Cómo eran los zapatos en los tiempos cuando Ud. era joven? RESPUESTA : Reinaba mucho el calamorro de cuero blanco y de cuero vuelto. DON FORTUNATO : Y eran con zuela de zuela? RESPUESTA : De zuela zuela DONFORTUNATO : ¿Y esos zapatos los usaban siempre? RESPUESTA : No, no siempre, no eran comunes, las chalalas de cuero eran las que usábamos siempre. DON FORTUNATO : ¿a qué edad comenzó a trabajar usted? RESPUESTA : Mire, yo me fui formando de edad de 13 años, a los 14 ya me trajo mi tío y me echó de aprendiz de los Gatica, de Don Abraham Gatica de la hacienda el Tambo. Para poder traerme y como yo no tenía zapatos, me puso unos zapatos de él así tan grandes. Yo para poder trabajar acá me los sacaba porque me daba vergüenza de ir por la calle ¡parecían hualetas! Cuando llegue acá yo aprendí a arar con arado de fierro, cuando más llegue acá no más, a esa edad. DON FORTUNATO :¿Y antes, allá como araban? RESPUESTA : Con aradito de palo no más. Cuando llegó el administrador y me dijo. Mira niño te voy a sacar y te voy a dar una junta de bestias que quedan ahí de balde y aperada, porque se enfermó el gañan. Anda y te le pegai a la yegua. Me preguntó. ¿Hay arado con bestia? No, nunca le dije. Es muy fácilme dijo. Y yo como había arado con bueyes era fácil, y más aliviado a patita pela. Ahí me hice gañan. (Arar con bestia era arar con caballo o yegua, y con yunta era con bueyes) DON FORTUNATO : ¿Y usted se acuerda de su papá? RESPUESTA : Si, se llamaba Manuel Carmona DON FORTUNATO : ¿Y por qué usted no se llama Carmona? RESPUESTA : Porque en ese tiempo no reconocían a los hijos a la madre. Hacían daño así no más los caballeros. Sin desconocer el progreso que hemos logrado en los últimos años en Salamanca en sus diversos frentes, públicos como privados, más el trafago que ha significado lograrlo nos ha convertido en seres de cuerpo y cuerpo, sin alma y si aún la tenemos se nos ha olvidado usarla para lograr ser persona humana. Nos han invadido de objetos y abalorios como en los primeros tiempos y nosotros lo permitimos. En Salamanca cada uno de nosotros venimos de una familiacampesina, y si no de seguro que nos hemos valido de ellos para vivir. Con seguridad a algunos les puede resultar molesta esta afirmación mía, empero a otros les puede parecer motivo de orgullo, es según el grado de afecto que se tenga por nuestro pueblo el que nos dirá que sentimos y cómo lo sentimos. No podemos pensar que todos llegamos del extranjero a poblar este territorio cuando aquí no vivía nadie. Eso nadie lo puede afirmar, pues sería una gran falsedad. Salimos desde esta tierra todos y por ello por nuestras venas corre sangre de Diaguita; de mestizo, de campesino y también de la otra. Si excavamos al centro de la plaza pública nos daríamos cuenta que allí yacen vestigios de nuestros antepasados que ocupaban este mismo espacio miles de veces y años antes que el presente, otras condiciones pero con la misma tierra, la misma noche y el mismo día, y si alguno fue injusto y malintencionado, ahí está,felizmente convertido en tierra debajo de la araucaria. El “progreso” nos ha nublado la vista, el sentido de comodidad, de trabajo, de belleza, se ha trastocado, se ha transformado en un vil esfuerzo por tener cada vez más, sin embargo nos olvidamos de nuestra raíz, de nuestro inmenso pasado, lleno de ricos elementos que hacen nuestra propia identidad. El pasado no es inútil. Muestra identidad se fue formando de manera difícil, en mucho tiempo y muchos frentes del avasallado progreso, nuestra historia y nuestras circunstancias nos han formado una personalidad compleja, permisiva, talvez sumisa de carácter patronal. Nuestros agricultores todavía bajan la cabeza cuando alguien habla fuerte, y no debería ser así, somos mucho más que sumisos trabajadores. Es real. En nuestra identidad cultural merece un espacio especial el campesino, más no así el pseudo estilizado, pues aquel que tiene zurcos en la tierra y zurcos en manos y cara es nuestro y debemos cuidarlo, facilitarle al menos un instante en su día y en su vida, merecen nuestro respecto y atención, para ellos un gran abrazo.

Alfonso Maturana León - 13/12/2006

Muy interesante el artículo. Veo que a lo largo del texto hay números, que parecen ser llamadas a referencias bibliográficas o notas al pie. ¿Será posible que publiquen dichas notas? Desde ya muchas gracias y felicitaciones por tan completo e ilustrativo portal. - Patricia Salatino

Quiero comunicarles que Don Fortunato Chaparro, quien es la persona que sale en este reportaje falleciò el dìa domingo 9 de agosto a las 16:00 hrs. a la edad de 108 años, ya que antiguamente se inscribìa tardiamente a los niños ahora si tomamos en cuenta el certificado de nacimiento dejo de existir a los 101 años, me gustarìa que se diera màs a conocer la vida esforzada y sacrificada de estas personas de Salamanca y sus alrededores, mi suegro pertenecìa a la localidad de peladeros del "FUNDO DE CAMISA" y es gente muy bella que tambièn se merece la atenciòn del resto del paìs. - karina henriquez diaz

Muchas gracias señor Maturana,por su excelente artículo sobre nuestros antepadados del valle del río Chopa.Digo nuestros antepasados porque aunque soy viñamarina,mi familia materna proviene de esas hermosas tierras,Salamanca,Chillepin. Tiene usted mucha razón al hacer esas observaciones acerca de los abusos hechos por los españoles y posteriormente por los patrones hacia los trabajadores de la tierra. Ojalá hubieran muchos como usted para que se vaya cambiando la mentalidad acerca de nuestro pasado. Nuevamente agradezco su publicación - Liliana Montenegro Villalón

Sin dudas que la crueldad con la cual nuestros antepasados fueron sometidos, era enorme, por ello el gañan era tímido, servicial ya que respondía a un orden y autoridad externa, afortunadamente tenemos actualmente atestiguantes que nos trasladan a las dolorosas verdades en la interrelación de inquilino y patrón, y por otra, tenemos las perspectivas de los cambios, por ello es valioso el rescate de nuestra cultura e identidad, sean cuales sean nuestras formas de vida y nuestras formas de sentir. Blog : David Maturana Céspedes - David Maturana Céspedes

 

 

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