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:::EL ENTUSIASMO. DISPAROS SOBRE EL PUEBLO:::

Es medio día en Salamanca. De pronto, en medio del tráfago de la hora, las detonaciones se dejan caer primero con un remezón y luego con el estruendo de los tiros dinamiteros. La gente salta para quedar pegada al techo, los perros aúllan y canta la sirena de las doce. El progreso exige, consecuentemente con su naturaleza constructora, la devastación de aquello que se le opone. Pero a cambio, tendremos un buen camino que unirá la comuna con localidades interiores, a estas alturas, parte casi del área urbana. Quién sabe si en años más el Tambo no será un suburbio de Salamanca, como lo es San Bernardo de Santiago, o Maipú. Un buen amigo, conductor para una empresa contratista que trabaja en la zona, advirtió que en el trazado del nuevo camino se interponía un petroglifo. El hombre, muy comprometido con su pasado y su étnia (es uno de los pocos salamanquinos reconocidos como parte de la etnia Diaguita, extintos hace más de un siglo según rezaban los libros de historia hasta antes de la promulgación de las leyes sobre pueblos originarios), denunció la situación a la Gobernación y al cabo de varias gestiones -por iniciativa propia marcó el sitio con coligües- al final, según tengo entendido, se produjo una momentánea paralización de la obra. Yo me pregunto, ¿en cuántas ocasiones no habrá pasado antes lo mismo, sin que nadie se enterara?. Pero en fin. Vamos a tratar el asunto con la liviandad que exige el progreso a cualquier precio. No vale la pena llorar sobre la leche derramada, o la roca dispersa, en este caso. Pero quisiera llamar la atención sobre lo que los tecnócratas denominan “Desarrollo Sustentable” y el afán que este concepto nos impone y sus consecuencias. El deseo de superación de las sociedades es un espíritu inmanente en las políticas que rigen sus destinos, vale decir, es un valor, una susbtancia, que persiste aun cuando la s personas pasen y el resultados de sus acciones persistan por años. Todos de algún modo aspiramos a más, escapando del rigor de las estaciones (cuando andábamos todos en taparrabos) o deseando lícitamente mayor confort para los nuestros, ahora que la moda es sólo el sustituto de nuestras necesidades más básicas desde que dejamos de ser monos. En a década de los ´80, apareció el concepto de países en vías de desarrollo, dentro de los cuales, quizás muy a nuestro pesar, aun pertenecemos si bien hemos hipotecado casi todo lo que tenemos en recursos naturales. Pero ¿qué es lo que nos falta?, ¿qué requisitos aun no cumplimos?.¿Acaso no hemos llegado a ser lo suficientemente gringos como para que se nos dé el honor de ser parte de “aquellos”?, ¿quién diablos certifica esa calidad de país?. Me gustaría que alguien me lo dijera para tener una idea de qué plazos estamos hablando para saber en qué estado va a quedar el territorio nacional.Y por el contrario, ¡Pero que vanagloria experimentamos cuando nuestros hermanos argentinos cayeron en desgracia y, por vez primera, nos sentimos superiores a ellos como para pasearnos por su tierra amparados en el grosor de nuestras billeteras!. ¡Y con qué pudor y recelo miramos al indio que maneja las riendas de Bolivia!. Pero resulta que alguien, treinta y cinco años atrás, un chileno con las mismas ganas e ilusiones, logró lo que nadie había pensado hasta ese momento para nosotros:

Nacionalizar el cobre, lo que hoy es, según los psiúticos de siempre, el sueldo de Chile. Pero una cosa es el sueldo y otra lo es el “Pago”. El Pago de Chile. Hoy Salvador Allende – (quien nacionalizó el cobre, aclaración para los más jóvenes que de seguro no recibieron esta insulsa información de parte de sus profesores de historia) debe descansar a saltos. Con otros nombres, bajo otras perspectivas planetarias y otras políticas de comercio exterior, aparecen las mismas empresas que ya antes abortaron el proceso social que debía de conducirnos a esa categoría de Estado Republicano que ningún gobierno democrático ha logrado en estos eternos y dificultosos años de transición desde la dictadura al democracia. De manera que esa enorme tarea que fue nacionalizar nuestro principal recurso, hoy se ha convertido en nada y nada somos todavía muy a pesar del orgullo que nos da ser los primeros en todo en el concierto latinoamericano. Sin esperar respuesta de ninguno d e los participantes de este blog, yo creo que el problema radica justamente en la cultura de nuestro país, no queriendo referirme a la cultura formal de la que me siento parte, vale decir, esa que dice relación con el quehacer artístico creativo. Me refiero a esa cultura que subyace en los actos de cada uno de nosotros, en como encaramos el devenir cotidiano. Chile no es un país rico. Por el contrario. Me parece que la mayoría de nosotros vive a sobresaltos y con grandes problemas psicológicos de frustración económica, a pesar que las cifras y estadísticas dicen lo contrario. Por esta razón, y porque no estamos preparados para ser honestos, es que aparecen casos como Chilerecortes, porque cuando en los cargos claves se privilegian situaciones como la militancia y no las capacidades de quienes ocupan esos cargos clave, el producto final es casi siempre el mismo:situaciones turbias, personeros con tejado de vidrio. Esto explica porqué algunos queriendo luchar por cosas justas, no pueden ni siquiera pronunciarse al respecto porque ya están “tostados”, mojados con compromisos extrapúblicos. Pero en realidad son los menos. Digamos que quien puede robar la hace sin contemplaciones. Y es hasta gracioso cuando se burlan las normas de las grandes empresas, pero cuando se roba de las arcas fiscales destinadas al bienestar nacional es muy, muy feo. Y esta incultura, o esta cultura del aprovechamiento personal, se extiende a todos los niveles de la sociedad chilena, lo triste es cuando comprobamos que está o se siente tan cerca nuestro. Y es que las redes y estos compromisos pandilleros, como les llamó el senador Flores (responsable del wi-fi en Salamanca) van más allá del simple hurto o el acaparamiento de recursos a raíz del cargo, si no que influyen directamente sobre los destinos de la comunidad. Con la sangre mas fría y ahora mas calmado al respecto, reflexiono sobre mis reflexiones – valga la redundancia- aquel día de la concentración en la media luna y los días previos a la transmisión radial. Pensaba “que increíble cómo la gente se pone la soga al cuello”. Y esto que se trasformó en voces en contraposición a la concentración, asomó días después certeramente a la cercanía a la verdad, es decir, la desconfianza pasó a la certeza y la certeza, a hechos concretos. Hoy Minera los Pelambres enfrenta a la justicia a causa de la negligencia de sus técnicos, la excesiva confianza de sus ejecutivos que la gente del Mauro se iba a quedar ahí no más y, para peor, hoy la COREMA (¡al fin aparece!) realiza sanciones por filtraciones de aguas pesadas al embalse Corrales. Entonces, ¿dónde quedan las convicciones de quienes hablaron en esos días de excesiva algarabía?. No es mi intención solazarme contra quienes integraron esta manifestación popular, sino que recalcar el hecho que esta vez, la ignorancia, la incultura, el entusiasmo – yo creo que fue el entusiasmo, es mas sano pensar así-, han hecho que el tiro les salga por la culata. Por esa razón en mi primer artículo al respecto llamaba a la calma. Porque nunca sabemos las consecuencias que puedan traer estos hechos de envergadura de los cuales la mayoría de las veces manejamos los datos más exiguos. En otras palabras, aunque votemos, no somos nadie. Por esta razón es que desestimar el fallo de la corte era apresurado, peligroso. Y por esta razón es que ahora lo adecuado, lo aconsejable, es evaluar bien la situación, pensar qué pasos vamos a seguir y, por sobre todo, qué es lo mas conveniente para la comunidad y aguantarnos las ganas de celebrar, dejarlas para cuando nadie en el pueblo tenga quejas mas allá de las que produce lo doméstico y todos aquí nos declaremos medianamente tranquilos con el pasar que llevamos en nuestro querido pueblo. SE han estado haciendo las cosas bien, o mejor que antes por lo menos. ¿Por qué empañarlas por situaciones que nos mojan a todos tarde o temprano?. Tengo un buen paraguas, mis ideas y mi compromiso con ellas y el deseo de ser mejor persona, mas informado y conciente de lo que pasa a mi alrededor. ¿y usted?

NINO CUEVAS - 01/12/2006

 

 

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