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:::A PROPÓSITO DE LOS RESULTADOS DE LA PSU:::



GOBERNAR SIN EDUCAR
En el viento quedaron las palabras de Pedro Aguirre Cerda, Gobernar es educar. Hoy estamos en la época en que el Estado no educa; por el contrario, se desliga de esa tarea dejando a la capacidad económica de cada familia y a los vaivenes del mercado la posibilidad de que los chilenos accedamos al derecho a la educación. Los últimos resultados de la PSU nos demuestran que la igualdad es un elástico que se estira hasta formar dos polos antípodas: lo privado y lo público.
Es indignante confirmar que de los diez primeros colegios en la prueba de selección, nueve son privados. Preocupante que apenas el 10% de los alumnos de liceos públicos hayan superado la barrera de los 600 puntos, frente al 58% de estudiantes particulares que hizo lo mismo. Y es vergonzoso saber que el gasto público por alumno es casi cinco veces menor que el de un estudiante de colegio privado.
Por supuesto los libremercadistas de la educación se aprovechan de estos resultados para desacreditar a la educación pública, forma solapada de acrecentar el jugoso negocio de la educación particular financiada con recursos públicos. Por cierto se cuidan muy bien de omitir que hay estudios que muestran que al comparar el rendimiento escolar por quintil socioeconómico, la diferencia entre educación particular y municipal se reduce e incluso en ciertos estratos resulta superior en las escuelas públicas. Obviamente en su idea de terminar privatizando toda la educación, ése no es un dato que convenga publicitar.
Esta desigualdad en inversiones es uno de los factores que explica las ingratas brechas en los puntajes de la PSU. Que los alumnos de colegios particulares posean mejor infraestructura, bibliotecas y materiales de calidad, no es un detalle. Tampoco que el capital sociocultural familiar sea decisivo en su mayor rendimiento. ¿Qué hace el Estado para corregir estas desigualdades que nos deberían avergonzar como sociedad? Chile invierte no más de 3,8% de su PIB en la enseñanza básica, comparada al promedio mundial que llega a un 4,9%, y que en Latinoamérica es del 5%.
Tampoco es muy gratificante que Chile sea el país donde mayor gasto en educación deben realizar las familias, con un 45% del gasto total. Porque todos sabemos que la educación es la base de la formación del ser. Incluso, los esfuerzos económicos públicos deberían llegar más allá que los presupuestos privados como una forma concreta de compensar la desigualdad extrema de la sociedad chilena. Así acontece en los países que han logrado aceptables o buenos niveles de desarrollo social. En esas sociedades el Estado es responsable de asegurar el derecho a la educación para todos sus ciudadanos y ciudadanas y resulta aberrante la sola idea de que el acceso a la educación dependa del dinero del que disponga la familia. En esos países la educación pública es gratis en todos sus niveles, y además es de alta calidad; en muchos lugares incluso es superior a la privada.
Es importante el avance que se ha hecho, inyectando en el 2008 desde el gobierno un 15,3% más que el año anterior. Pero aunque haya supuestas reformas para el mejoramiento, al mantenerse una concepción comercial, es evidente que no se corregirán las profundas desigualdades y distorsiones de la educación chilena.
Actualmente en el sistema educativo público las labores se reparten entre los municipios y el Ministerio de Educación. Existe consenso en el país que la municipalización ha sido un fracaso absoluto y el reclamo de estudiantes, profesores y apoderados para terminarla ha sido imposible de acallar. Como respuesta el gobierno ha enviado al parlamento un proyecto de ley que crea las Corporaciones Locales de Educación Pública, un mero maquillaje a la municipalización, que mantendrá básicamente el mismo sistema fracasado. Seguiremos en presencia del Estado ausente que se desliga de una de sus responsabilidades fundamentales y delega en los ineficientes municipios y en privados que hacen de la educación un negocio.
Estas corporaciones, que son parte del nuevo proyecto de ley de fortalecimiento de la educación pública, además tienen la facultad de cerrar escuelas sin mayor trámite, lo que seguirá generando una privatización solapada de la educación. Asimismo, se conserva el sistema de financiamiento de subvención por asistencia media, defendiendo la idea de educación de mercado, ya que los colegios deben competir por la captación de alumnos, apuntalando una idea de empresa educacional más que de comunidad social.
Por esto, no hay que sorprenderse cuando el próximo año veamos los mismos contrastes y aberrantes desigualdades. Y si, a pesar de los obstáculos que se les presentan en la educación básica y media, los alumnos de escuelas más pobres llegasen a la educación superior con esfuerzo y decisión, siempre estarán las universidades chilenas con sus aranceles entre los más caros del mundo según un informe de la OECD, para debilitar la lucha del más desposeído frente al más poderoso.
Lo que requiere nuestro sistema educacional son cambios de fondo y no sendos maquillajes. El primer cambio es sacar a la educación de la lógica comercial y lucrativa y definirla como un BIEN SOCIAL que debe ser asegurado a todos en condiciones equitativas y sin costo alguno. Ha llegado la hora de comprender que la Educación es un derecho humano y no un bien de mercado. He ahí la base de un verdadero salto educativo que nos lleve a un desarrollo social y económico verdadero.






TOMÁS HIRSCH - 27/12/08

 

 

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